Font: Universo UP

La manera que escogemos de contemplar a nuestros hijos adolescentes condiciona la comunicación con ellos. Una visión positiva de la adolescencia nos ayuda a poner en marcha estrategias de comunicación productivas.

up4_ruta_comunicacion_positiva_intUna de las cosas que más rechazo me producen son los malditos auriculares que mi hijo lleva puestos todo el día, que se convierten en una prolongación de él, como un tercer órgano auditivo que le sobresale del cráneo. Dos orejas y unos auriculares. Las orejas le ayudan a que los mensajes del exterior lleguen a él; pero, por otro lado, los auriculares impiden toda posible comunicación. Es como una barrera que coloca entre él y el mundo. En estas condiciones, ¿cómo puedo entenderme con él?

Llevo tanto tiempo lamentándome del lenguaje tan distinto que hablamos los dos, de lo voluble que es, de su falta de interés en todo lo que no salga de los auriculares y del teléfono móvil enganchado a éstos, que he decidido cambiar las tornas: en vez de buscar llamar su atención de diferentes maneras, estoy optando por observarlo atentamente. Me he dado cuenta de que he estado viéndole desde hace mucho tiempo como una realidad estática, pegada a un móvil y unos auriculares, aislada del mundo y sin ningún interés por él. Y lo cierto es que, a poco que me fije, veo que lo que tengo delante es una realidad dinámica, en continua ebullición, que busca sus propias maneras de comunicarse al margen de nosotros. Creo que con mucha frecuencia necesita separarse de mí, porque está absorbiendo la realidad en sus propios términos. Se comunica con ella de diferentes maneras, y si yo quiero formar parte de esa realidad por la que muestra interés tendré que replantearme muchas de las creencias que tengo acerca de él.

Juan no es un accidente previo a la maravillosa edad adulta, a la que es de desear que llegue cuanto antes; es una persona que ha entrado en una edad con su propio valor, en la que todo se mueve a velocidad de centrifugado, aunque externamente se contemple como un chico pegado a unos auriculares y con un lenguaje y un tono exasperantes. El mundo nunca fue tan rígido y estático como nos empeñamos en que sea para aumentar nuestra seguridad y nuestro control sobre él, y la adolescencia viene a ser el mejor espejo de este mundo desconcertante y caótico. Yo he decidido aprender sobre la adolescencia para entenderme con mi hijo en los mejores términos.

Pensaba que lo sabía todo sobre la adolescencia porque una vez fui adolescente, pero no debo olvidar que el pasado lo reconocemos según lo que tratamos de contarnos a nosotros mismos en esos momentos. Lo cierto es que se me ha olvidado lo que fui realmente de adolescente. Me he dado cuenta de que necesito informarme lo más que pueda sobre lo que pasa por la cabeza de los chicos con esa edad, sobre los distintos cambios que se producen y la forma de ver el mundo en la adolescencia. Y sobre todo debo informarme acerca de las diferentes estrategias de comunicación que a otros les han funcionado con los chicos en esta etapa. Intuyo que la manera de comunicarme con mi hijo adolescente difiere de la que debo emplear para comunicarme con mi jefa, Pero a lo mejor no es así, y puede que lo que aprenda me sirva para aplicarlo en otros ámbitos de mi vida personal y profesional.

Me ha costado al principio empezar a escuchar a mi hijo sin enjuiciarle previamente, mostrarle que tiene toda mi comprensión y mi apoyo. Es muy difícil hacer esto cuando, desde fuera y con otra experiencia de la vida, todo se ve a la vez más fácil y muy diferente. Comprenderle y no mostrarle que soy la que tiene todas las respuestas a sus problemas, sino trabajar por una solución conjunta, me está resultando más complicado de lo que pensaba. Pero he de reconocer que muchas de las cosas que se nos ocurren juntos tienen mucho sentido, y el haberlas puesto en común nos acerca. Para ello intento buscar el lugar y el tiempo adecuados para mantener una conversación y siempre cuando ambos estamos receptivos. Estas son algunas de las estrategias que estoy comenzando a poner en marcha y que, poco a poco, veo que van mejorando nuestra forma de entendernos. Creo que mi hijo, al ver que le respeto y valoro sus opiniones, me mira cada vez con más atención. Me intereso mucho más que antes sobre las cosas que le gustan, y por qué le gustan, y eso me está ayudando a colocarme en su lugar, y a enriquecer las interacciones con él. El camino es complejo pero me encuentro con muchas ganas, y con la ilusión de quien comienza una nueva etapa con enormes posibilidades de desarrollo personal para ambos.